28 de diciembre de 2011

Vulnerable


Después de más de una semana de reposo, hoy me tocó resonancia magnética. 

Lloré durante los 20 minutos que dura el proceso. 

Respiré hondo. Me dije a mi misma que hay aire. Que si no me aguantaba y decidía moverme y salir de ese aparato no era el fin del mundo. Respiré con la panza. Recité en mi mente muchas de las cosas que sé de memoria. Pensé en cosas lindas. 

Las lágrimas me caían hacia las sienes. 

Igual me estuve quietita. Muerta de pena. De miedo. De debilidad. Dolorida. Asustada. 

Rogando no tener nada grave y que todo este dolor que me ha dejado tiesa sea sólo -¡Ja! ¡SÓLO!- la tensión de no saber ni cuál es, ni cuándo, ni cómo se da el próximo paso. 


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